Revista de comunicación
NÚMERO 4
AÑO II
FEB/MAR 05

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Acerca
de la visión de la jirafa

Los diez pecados capitales del Marketing
(segunda parte)

Conocerlos ayuda a
superar sus consecuencias.

 


Diez maneras
de crear valor para la marca

Y potenciar el valor que subyace en cada una.

La proxémica
en el consumo
y en la
estrategia de comunicación

La proxémica
y su relación con el consumidor

     
 

EDITORIAL


 
 


Acerca de la visión de la jirafa


En los números previos, repasamos algunas de las características que hacen de la jirafa un animal singular.

En esta edición, volvemos a detenernos en una característica particular:
“La jirafa tiene una vista excelente y una singular disposición. Los ojos de la jirafa están dispuestos de una manera tal que le permiten tener una visión panorámica y atenta".

Y esto nos lleva una vez más a nuestro territorio, la comunicación.
¿Cómo podría un comunicador de raza no esforzarse por tener una vista excelente, y estar siempre bien predispuesto para intentar comprender qué sucede y aún que puede suceder a su alrededor?

La nota de tapa de este número profundiza sobre el valor de soñar. Valor agregado, porque los sueños han sido históricamente hacedores de grandes caminos y son los mejores amigos de la c
reatividad.
Valor, también, como sinónimo de coraje, porque en ocasiones y de acuerdo a los escenarios, es necesario atreverse a soñar.

La nota sobre branding plantea el valor agregado que tienen las marcas (aún su poder) y los distintos enfoques usados y posibles para llegar al consumidor, destinatario principal de nuestras acciones.

No hay, desde nuestro punto de vista, otra manera de comprender al consumidor si no es teniendo una mirada atenta, como la de la jirafa. Atenta a él, a su contexto, al contexto general, a la realidad, a las fantasías y a los sueños.

María Alejandra di Fonzo.
Directora.

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NOTA DE TAPA


 
 

Buscando crédito para un sueño

Por Joel Muñoz Berríos


Atreverse a soñar siempre es una inversión segura

Un sueño parece algo volátil, es despreciado por quienes se mueven con las cifras y con las decisiones económicas. Un soñador es mal visto por quienes apuntan todos sus razonamientos a lo medible y cuantificable. Todos aquellos que creen que la única verdad es la verdad científica.
No hay nada peor que una entrevista entre un soñador con una idea en sus manos y un gerente de crédito de
un banco.

Pero si estamos de acuerdo en que un sueño es un conjunto de ilusiones y emociones puestas en una película interna, con un orden, un comienzo, un desarrollo y un final, nos podremos dar cuenta que cada sueño contiene la fuerza del mar o de un volcán. Podremos darnos cuenta a través de nuestra propia experiencia que casi todas las cosas humanas nacen de la fuerza de soñar.

Nada puede paralizar los sueños humanos, nada los ha detenido en su marcha milenaria por encontrarse con su destino.

Pensemos en el sueño de volar. Recorramos las imágenes de un hombre solo mirando a los pájaros e intentando volar como los pájaros. Ensayando una y otra vez. Cayendo estrepitosamente la mayoría de las veces sin poder encontrar el secreto del vuelo de las aves. Y vuelve a intentarlo porque volar tiene un sentido que va más allá
de mantenerse en el aire, planear por el cielo, desplazarse a cualquier punto del planeta. Volar es despegarse
de la tierra, alcanzar una dimensión distinta a la dimensión ordinaria del hombre en dos patas apegado al suelo.

Es el deseo de conocer lo que hay más allá de lo que podemos conocer caminando.
Volar es un sueño incontenible del alma humana. Es la libertad la que está en juego.

Fuera del tiempo y del espacio

Para soñar y para crear es necesario aprender a salir del tiempo y del espacio. Hay que dejar de ser esclavo
del reloj y vencer las distancias con un simple deseo de volar lejos.

Declararse libre y ser libre es una de las grandes dificultades que tienen la mayoría de las personas hoy, aquí,
en este mundo.
La libertad de sentir, de pensar y de trascender las dimensiones conocidas produce miedo. El llamado al orden
es más fuerte que el riesgo de descubrir lo desconocido. Algo nos detiene y nos mantiene con los pies en la tierra, encadenados a lo establecido, a lo conocido, a lo de siempre.

Pero no hay sueños si no hay libertad. No hay un mundo mejor si no hay audacia para saltar la línea que divide
lo ordinario razonable con la locura de lo extraordinario.

Tenemos tres tipos de barreras que nos impiden soñar en libertad. Las barreras de los sentidos (no podemos ver el bosque), las barreras de la emoción (no me siento capaz, yo no soy creativo), las barreras de la cultura
(así se han hecho siempre las cosas aquí). Estos son los principales enemigos de la creatividad.

Sueños, pan de cada día

Ser acusado de soñador, idealista, creativo, artista, volado, no es grato cuando se tiene la certidumbre y no
se tienen los recursos, cuando se tiene fe y no se tiene apoyo. Cuando uno cree porque ha logrado ver el futuro y nadie le cree.

Y cuando no se puede dejar de soñar, es peor. Cuando el único camino para encontrar la esperanza es cerrar
los ojos y buscar imágenes de una situación diferente, de un mundo diferente.

La posibilidad de ver en los sueños semidespiertos imágenes, construcciones, órdenes diversos, lógicas nuevas, situaciones distintas a lo cotidiano, es realmente un poderoso llamado para un adolescente.

Cuando tenía 15 años, soñaba con mucha frecuencia para escapar de las dificultades de una vida dura, vida de pobres, que mi madre se encargaba cada cierto tiempo de confirmarme. Yo no podía contentarme con esta explicación y con esta barrera. No podía dejar de soñar. Aunque quisiera entrar en el mundo de lo concreto,
de lo realista, de lo posible. Mientras más críticas recibía, más me sentía llamado a soñar, a buscar ése espacio en el silencio de una noche para ir a ver la mejor de mis películas, en el gran teatro de la imaginación.

Cierto que uno puede enfermarse con esto. Porque muchas veces no sabe qué es realidad y qué es sueño. Muchas veces piensa que la realidad es sueño y todo comienza a enredarse. Hasta que abres los ojos y te das cuenta que ya estás atrasado para llegar a clases o al trabajo, o que son las cinco de la mañana y te has quedado dormido sin desvestirte y con todas las luces prendidas.

Más de alguien, entonces, te llama, loco.
Y uno se pregunta ¿Me estaré volviendo loco?

Treinta años después, leo un libro de Maslow, afirma que una persona autorrealizada y autorealizante es lo más parecido a una persona creativa. Y que esto, a la vez es lo más parecido a una persona sana.

Una persona autorrealizada, autorealizante, creativa y constructiva, es capaz de cambiar la realidad y crear un nuevo orden (una sociedad sana y buena) y para esto es necesario ser un poco loco, un poco excéntrico, un disconforme con lo ordinario.

Las empresas e instituciones que trabajen con creativos tienen que aprender a aceptarlos e integrarlos dentro
de su cultura. A veces, parecerán vagabundos, locos, informales, no científicos, crearán desorden en la organización, darán la impresión de no estar nunca centrados en el tema que se discute, saldrán con opiniones que provocarán desconcierto, no llegarán jamás a la hora a una reunión, pero estas personas tienen algo que otras no tienen, son “perceptores anticipados del futuro”, pueden visualizar lo que vendrá, por su hipersensibilidad creativa, por su capacidad de pensar lateralmente, uniendo el hemisferio derecho del cerebro con el izquierdo y por su poder de crear respuestas sorprendentes y nuevas a problemas de siempre. (Maslow,
La Personalidad Creadora).

Si usted es un empresario que quiere tener éxito, no se fije en la forma y concédale crédito a los creativos.
Un crédito para soñar. Le aseguro que será pagado con creces y con una alta rentabilidad.

Joel Muñoz Berríos es publicista, especialista en comunicación social pública y privada. Fundador y Presidente de Red Latina de Comunicación. Consultor de la Naciones Unidas. Ex Director Creativo de JWT y Lintas Wordlwide.
Contacto: buendia@vtr.net

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Diez maneras de crear valor para la marca

Y potenciar el valor que subyace en cada una.

Los consumidores adoran las marcas porque les ofrecen un valor extra, es decir, un valor extra al que per se tiene el producto / servicio principal. Ese valor se convierte en la mayor motivación para los consumidores a la hora de comprar o utilizar el producto.

Planteado de esta manera, el concepto de marca se convierte en difuso. Antes que nada entonces, de qué se trata este valor exactamente?

Sabemos, por ejemplo, la capacidad que tiene una marca para establecer pertenencia a un determinado grupo o nivel de status.

Pero ¿cómo se incorpora concretamente este valor en la marca? ¿cuál es el secreto de una marca exitosa?

Antes de responder la pregunta, revisemos tres enfoques típicos sobre el desarrollo de marca utilizado por muchos profesionales del marketing.
Aunque habituales, estas formas de encarar el tema, no están bien fundadas desde el punto de vista teórico y tampoco han dado nacimiento a marcas verdaderamente fuertes.

Estos tres enfoques son los denominados “decoración”, “pegatina” y “Golem”.

El enfoque “decoración” plantea la diferenciación como una cuestión de apariencia. Este punto de vista
proclama que un nombre, un logo o un “look” especial per se hacen la diferencia: “como nos vemos diferentes
a nuestros competidores, los consumidores nos conciben como diferentes”

Este approach es ingenuo. Para gozar de más credibilidad, generalmente se “empalma” con elementos de los otros dos enfoques que se describirán a continuación.

El enfoque “pegatina” justamente se pega a los llamados valores de marca con el nombre, el logo y el “look” del enfoque anterior. El racional es el siguiente: el consumidor ve los valores que lo identifican en los mensajes de la marca y siente inmediatamente que la marca está hecha a su medida.
Los defensores del “marketing emocional” sostienen por lo tanto que pueden pegar las emociones a la marca e inmediatamente trasladarlo a la publicidad.

El tercer enfoque, “Golem”, busca crear una entidad de tipo humano con personalidad (hasta carisma) que es capaz de establecer relaciones con el consumidor.

Estos tres enfoques hacen que muchas compañías se salgan de rumbo y pierdan de vista el verdadero potencial que subyace en las marcas.

Pero hay otro enfoque. El autor lo encuentra mucho más fructífero y mejor sustentado por la teoría y la investigación psicológica y sociológica.

La lógica básica para el desarrollo de una marca con valor agregado es sorprendentemente similar a la lógica de desarrollo de un producto. En ambos casos, se crea para un consumidor una herramienta o medio para hacer
algo que él / ella “quiere hacer”.

Es importante comprender que significa “quiere hacer”. Desde la perspectiva del autor, si el consumidor desea reforzar / relajar / entretener una auto imagen, fantasear acerca de una realidad diferente o cualquier otro uso psicológico, eso es algo que él o ella “quiere hacer”.

Los consumidores son fructíferos cuando se trata de alcanzar objetivos / beneficios empíricos, emocionales, psicológicos, interpersonales y sociales, de la misma manera que lo son cuando desean alcanzar metas más tangibles. Son instrumentales; si bien en este caso se trata de una forma de instrumentación psicológica o
social.

Una marca sin un escenario de uso convincente no es realmente una marca. Puede parecerlo, incluso puede tener un nombre, logo e identidad visual reconocidos, pero los consumidores no la desearán porque no tiene probabilidad de uso para ellos.

Todas las reglas de la innovación exitosa en el campo de productos y servicios también aplican a las marcas.
La precondición para el éxito es darle al consumidor algo que él / ella deseen pero no pueden tener hoy... porque es demasiado difícil, demasiado complicado, incómodo, aburrido, etc.

De acuerdo a este enfoque, las marcas no son del tipo “humano” y no tienen vida propia fuera de la mente del consumidor. Son instrumentos, simples medios para alcanzar fines.

Las emociones no se pueden “pegar” a ellas. Despiertan emociones cuando son percibidas como una fuente de algo que reporta beneficio.
Las emociones positivas son los resultados directos de estas anticipaciones. Sus variadas simbolizaciones (nombre, logo, isologo, tipografía, etc.) tienen poco impacto en sí mismos; su importancia radica en que son identificadores de fuentes de beneficios ya atribuidos.

El acto del branding tiene 10 significados diferentes, que se traducen en 10 maneras diferentes de crear utilidad más allá de los beneficios tangibles de un producto / servicio:


1. Crear un "link" a un beneficio tangible

El nivel más básico de branding es crear un link entre el nombre de la marca + otros identificadores y un
beneficio tangible (un resultado en el mundo real o una experiencia). El beneficio lo otorga el producto en sí mismo o algún componente del mix de marketing. No hay que soslayar este principio básico. Las marcas exitosas como el shampoo Pantene por ejemplo (que promete corregir los seis síntomas del cabello dañado), trabajan a este nivel. El valor agregado aquí es mínimo, pero importante.


2. Formar un contexto mental

Un “contexto mental” es un concepto o un principio organizador que permite al consumidor conectar hechos no relacionados (como las variadas actividades de marketing de una compañía) mediante un intento de guiarlo u
otro factor común.
En estos casos, el beneficio principal de la marca para sus consumidores origina el contexto mental.

Por ejemplo, un hotel como el “Hudson” o el “Royalton” en el corazón de Manhattan, ofrece placer y comodidades en muchos y variados niveles, pero un “Boutique Hotel” ofrece una experiencia completamente diferente.
El hotel boutique es un concepto que plantea diferencias entre hoteles de una misma cadena y a veces diferentes habitaciones dentro de un mismo hotel. Este contexto mental lleva al consumidor a una búsqueda para encontrar las diferencias.


3. Dirigir una experiencia

Este es esencialmente un efecto “hipnótico”, en algunos casos relacionado a un placebo. En este caso el branding es la creación de una expectativa que permite una experiencia más rica que la que el producto por sí solo puede ofrecer. Por ejemplo, Red Bull hace sentir al consumidor una ola de energía más allá del efecto físico de la bebida.


4. Crear un medio de auto-presentación

En este caso el branding crea un símbolo con un significado muy conocido por todos los integrantes de un grupo relevante. Le da la posibilidad al consumidor de caracterizarse y es usado por él para establecer una comunicación interna (para para reforzar la auto-imagen, por ejemplo), para la comunicación interpersonal
(para crear una cierta impresión) y para la comunicación pública (para señalar status o pertenencia). La marca Absolut Vodka se convirtió en una manera para que los “yuppies” señalaran su condición de tales a otros del mismo grupo (en el momento de desarrollo y auge de los “yuppies”.

5. Crear un medio para un mensaje

El rol del branding en este enfoque es crear un símbolo de otro tipo, siempre que su significado también sea ampliamente reconocido. Este tipo de símbolo le permite al consumidor expresar una emoción muy específica. El gigante de los diamantes “De Beers” hizo del diamante un medio para expresar compromiso, haciendo del hecho físico de que el diamante es indestructible, una metáfora de la relación. En Septiembre de 2003, De Beers comenzó a crear un nuevo medio para el mensaje, esta vez enfocado a las mujeres: el anillo en la mano derecha como símbolo de independencia (en oposición al anillo en la mano izquierda, que es generalmente un símbolo de compromiso).

6. Construir una autoridad social / cultural

El siguiente enfoque de branding plantea la creación de una “autoridad” que los consumidores puedan utilizar como guía, que los ayude a entender qué está sucediendo a su alrededor y los informe acerca de cuales conductas son normativas, cuáles los hará más felices, etc. Apple se proclamó a sí mismo como con una autoridad tal cuando lanzó la computadora personal, ya no solo como una herramienta de trabajo sino como un objeto de auto-expresión y creatividad.
La marca inició una tendencia cultural que planteó ofrecerle a la gente común una gran variedad de medios
para expresar su creatividad.


7. Crear una “mano extendida”

El branding crea medios para el consumidor, dándole incluso la posibilidad de que pueda actuar en pos de objetivos nobles y virtuosos a los que no podría acceder por sí mismo.
The Body Shop por ejemplo, hizo de la compra una manera de contribuir a la preservación del medio ambiente y de ayudar a la gente necesitada alrededor del mundo.


8. Crear un Alter Ego

La marca es un medio para que el consumidor se comporte (al menos en el nivel de la fantasía) de maneras en que le gustaría pero ni se atrevería o no pagaría por hacerlo.
La provocación de la marca de moda Diesel por ejemplo, se lleva a cabo como si fuera “en el nombre de” los clientes de la marca. Ellos pueden sentirse provocativos cada vez que la marca lanza una de sus atrevidas campañas publicitarias.


9. Construir una gimnasia emocional

Al optar por nuestro civilizado y protegido estilo de vida, comprometemos muchas de nuestras posibilidades
como seres humanos. Vamos al gimnasio para prevenir la degeneración de nuestros cuerpos, los que a causa de nuestro estilo de vida no llegan a enfrentar los desafíos que serían capaces de afrontar. De manera similar, miramos películas para ejercitar habilidades emocionales que no son legítimas o aceptables en nuestro estilo de vida. Las marcas, como por ejemplo el perfume “Sicily” de Dolce & Gabbana, nos permiten experimentar posibilidades emocionales de ese tipo.


10. Facilitar fantasías

Similar al enfoque anterior, este punto de vista ayuda al consumidor a fantasear con una realidad alternativa.
Los consumidores fantasean con un sex appeal irresistible, omnipotencia y dominación, importancia, éxito, amor fatal, asesinato, etc.
La marca Timberland fue diseñada de una manera tal que los consumidores fantaseen acera de aventuras arriesgadas contra las fuerzas de la naturaleza.


* * *

Hasta aquí se delinearon los diferentes tipos de valor agregado, que constituyen las maneras en las que (1) los valores se convierten en instrumentales o palpables para el consumidor y (2) las marcas pueden destinarse a convertirse en medios para esto.



Extraído de “Ten Ways to Create Brand Value” por Dan Herman, Marketingprofs.com

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MARKETING

 
 


Los 10 pecados capitales del Marketing

Conocerlos ayuda a superar sus consecuencias.

Segunda y última parte.


Quinto: a su empresa no le resulta fácil encontrar nuevas oportunidades.

Una forma de encontrar nuevas oportunidades en el mercado es introducir nuevos productos, pero si su empresa no ha hecho algo así en los últimos cinco años, tiene un problema de falta de innovación. Si por el contrario, ha introducido productos pero la mayoría de sus iniciativas han fallado, tal vez se deba a que no ha sabido administrar adecuadamente el proceso de desarrollo del nuevo producto.

Algunas empresas piensan que ya no quedan oportunidades en sus sectores respectivos, porque estos ya se encuentra en una fase de madurez.
En opinión de Kotler, no existen mercados maduros, todo es cuestión de imaginación. Las ideas son una fuente inagotable de innovaciones y cualquier empresa puede producirlas recurriendo a sus empleados, empleados, a
sus distribuidores, proveedores y demás partes interesadas.

El éxito de Silicon Valley deriva de la existencia de tres mercados: un mercado de ideas, un mercado de capital
y un mercado de empleados altamente calificados. En toda empresa se debería reproducir este modelo, creando un Comité de Ideas presidido por un directivo de alto rango que sería nombrado Capitán de las Ideas. El Comité se reuniría cada pocas semanas y clasificaría las ideas según fueran pasables, buenas o geniales. Todo
empleado que propusiese una idea debería recibir una respuesta y aquellos cuyas ideas se implantasen
recibirían una recompensa en forma de dinero, vacaciones o un regalo.

Kodak, por ejemplo, paga 10.000 dólares a los empleados que proporcionan ideas productivas.
En caso de que las ideas no surjan de forma espontánea, existen sistemas que fomentan la creatividad para generar nuevas ideas. Muchas de las mejores proceden de la observación de los cambios en el entorno, que se pueden clasificar en cinco categorías: políticos, económicos, sociales, tecnológicos y medioambientales. Un ejemplo de observación del entorno económico es una empresa nipona que percibe que los precios de una habitación de hotel en Tokio son muy altos: a partir de ahí, inventa un hotel que, en lugar de vender habitaciones, vende nichos a bajo precio.
De hecho, el invento existe y en japonés se llama kapseru-hoteru (hotel cápsula).

Otra forma de generar ideas es reunir a los empleados en grupos y utilizar técnicas ya clásicas como el brainstorming. Pero, sin duda, la más novedosa es la que Kotler nos presenta en su libro Marketing Lateral, escrito en colaboración con el profesor Fernando Trías de Bes de la Escuela de Negocios ESADE de Barcelona. Esta técnica consiste en poner un producto en relación con otro producto, servicio o idea.
Por ejemplo, un fabricante de cereales puede pensar en la suma de cereales + snack en barrita; el resultado es una barrita de cereales que se puede tomar como snack o como desayuno.

Sexto: el proceso de formulación de planes de marketing en su empresa es deficiente.

Un problema que Kotler encuentra con frecuencia cuando llega a una empresa y pide un plan de marketing es
que en él figuran cifras, presupuestos y anuncios publicitarios, pero no refleja de forma clara y motivadora ni los objetivos, ni las estrategias y tácticas que se van a seguir para lograrlos. Suele suceder que, al pedir el plan de marketing de un producto del año anterior y compararlo con el del año en curso, la estrategia y las tácticas
sean las mismas.

No han tenido en cuenta que las condiciones del mercado han evolucionado y que ello requiere un cambio de estrategia. Por otra parte, en ocasiones el software utilizado no permite simular el impacto de estrategias alternativas cuando el plan necesita incorporar no sólo una estimación de las ventas y beneficios, sino también los resultados de diversas combinaciones de precios, publicidad, promoción de ventas, etc.
Por último, la mayoría de los planes asume que las condiciones del mercado y de su entorno son fijas y no prevé que se puedan producir imprevistos, como por ejemplo una recesión repentina.

Para solventar estas deficiencias, Kotler aboga por incluir en el plan de marketing los siguientes elementos: análisis situacional, análisis FODA, cuestiones principales, objetivos, estrategia, tácticas, presupuestos y controles. Asimismo, apunta un "truco con truco" que consiste en preguntar a los directores de marketing qué harían con un 20% más de presupuesto y qué harían con un 20% menos.
Aquellos que justifiquen que con un 20% más pueden aumentar las ventas podrían recibirlo si su razonamiento es plausible. La información obtenida servirá para distribuir el presupuesto de una forma más adecuada.
Es lo que se denomina presupuesto flexible o flexible budgeting, en inglés.

Por último, otra vía para mejorar los planes de marketing es celebrar los aciertos de los grupos que han desarrollado los mejores planes de marketing y recompensarlos con vacaciones o dinero.

Séptimo: las políticas de productos y servicios de su empresa necesitan un ajuste.

Las grandes empresas están descubriendo que es un pequeño porcentaje de sus productos el que genera la mayor parte de los beneficios.

Sin embargo, parece imposible frenar la fiebre de generar nuevas marcas o de ampliar líneas o marcas ya existentes y, puesto que las empresas parecen más adeptas a sumar productos que a suprimirlos, cada vez cosechan más fracasos.

Una forma de moderar esta política expansionista es instaurar un sistema que nos permita reconocer qué productos generan beneficios y qué productos resultan tan poco competitivos que merecen ser eliminados.
En 1999, Unilever se dio cuenta de que 50 de sus 1.600 marcas producían el 63% de sus ingresos, por lo que procedieron a identificar las 400 más fuertes, a las que denominaron "power brands".
Las 1.200 restantes fueron vendidas, liquidadas o combinadas con el fin de vender menos marcas pero obtener más ingresos.

Por otra parte, algunas empresas ofrecen demasiados servicios gratuitos (entrega gratuita, instalación gratuita, formación gratuita), que en realidad tienen un costo. Con esta política consiguen que el cliente no valore ese servicio y al mismo tiempo privan a la empresa de una fuente de ingresos adicional. Una solución a este
problema es establecer segmentos de clientes, de forma que unos paguen por el servicio y otros lo obtengan de forma gratuita.

Kotler apunta un tercer y último problema: las empresas que venden una amplia gama de productos no saben aprovechar el hecho de que el cliente haya comprado algo para realizar otra venta más. Por ejemplo, un cliente que compra un traje también necesitará camisa, corbata y zapatos a juego con el traje, pero si el vendedor de turno no se lo sugiere, probablemente el comprador no pensará en ello y habremos desperdiciado una
oportunidad de venta. Al empleado le da lo mismo realizar o no una venta extra, ya que a fin de mes su salario
es el mismo. Por eso, resulta esencial proporcionar a los empleados el training adecuado y al mismo tiempo incentivar sus esfuerzos con recompensas. Uno de los aspectos que más beneficia a la empresa es el upselling
o venta al alza, que consiste en vender un producto más caro que el que buscaba el cliente o en venderle una versión actualizada de un producto que había adquirido anteriormente.


Octavo: la construcción de marca y las comunicaciones de su empresa son deficientes

Una de las peores cosas que le puede suceder a una empresa es que, luego de haber invertido una enorme cantidad de dinero en publicidad, exista un amplio grupo de clientes potenciales que nunca haya oído hablar de ella o sepa poco más que su nombre. Un mal algo menor es que los consumidores conozcan la marca pero no la diferencien de otras.

La solución estriba en mejorar las estrategias de construcción de marca y en medir el impacto de la marca en el conjunto de los activos empresariales. Por ejemplo, Interbrand Corporation utiliza un método de valoración de marcas según el cual se estima que la marca Coca-Cola valía 70.000 millones de dólares en 2003.

Muchos expertos en marketing piensan que la publicidad es la fórmula mágica que sirve para mejorar la valoración de una marca, pero lo cierto es que una marca se construye utilizando muchas herramientas de comunicación junto con otros factores como la calidad del producto, su envase o su distribución, entre otros.

Otra de las deficiencias en el proceso de construcción de una marca es que cada año la empresa asigna el presupuesto a las mismas herramientas de marketing y de la misma forma. Sin embargo, dado que la productividad de diferentes canales de comunicación con los clientes varía de año en año, es necesario cambiar el presupuesto de forma acorde con ello, concediendo un presupuesto mayor a los medios más eficaces.
De hecho, la eficacia de las herramientas de marketing varía con el tiempo. Así, hasta mediados de los ochenta los anuncios en televisión eran el medio publicitario dominante.

La publicidad es un medio cada vez más polémico, ya que las empresas parecen invertir en publicidad por
inercia: lo hacen porque llevan tanto tiempo haciéndolo que creen que realizar algo diferente resultaría arriesgado.
Gastan el dinero en anuncios caros como si les garantizase que van a ser recordados, aunque no digan ni hagan nada nuevo. A juicio de Kotler, las empresas deberían plantearse seriamente si ese dinero estaría mejor invertido empleándolo en mejorar la calidad del producto o el servicio al cliente.

Kotler recomienda a los directores de marca que pidan a las agencias publicitarias tres ideas distintas para el aviso, yendo de lo conservador a lo vanguardista. Asimismo, recuerda que los anuncios que mejor funcionan son aquellos que se insertan en las publicaciones que lee el mercado potencial.
Solamente el 17% de los planes de promoción de ventas tiene verdadero éxito. Lo peor que puede pasar es que sólo los actuales usuarios compren el producto o que la promoción de ventas atraiga con el precio a clientes que no son fieles a ninguna marca. La mejor promoción de ventas es aquella que atrae a nuevos clientes que descubren la superioridad de la marca y la adoptan.

A menudo son directores de marca con poca experiencia los que diseñan las campañas de promoción de ventas, cuando en realidad resulta más aconsejable servirse de un promotor de ventas experimentado para identificar
las mejores promociones.
Las relaciones públicas, que durante mucho tiempo han sido las huérfanas del mix de promoción, merecen ocupar un puesto más prominente en el presupuesto publicitario, pues son una herramienta clave para atraer al público
y son eficaces con nuevos productos de alta tecnología.

Volvo lanzó su nuevo SUV con una campaña de relaciones públicas, en lugar de utilizar la publicidad en primer lugar. Por su parte, el marketing directo resulta ventajoso para aquellas empresas que pueden vender directamente al público ahorrando la comisión de los intermediarios, como es el caso de Dell Computer.
Los expertos en marketing por lo general saben más sobre personas que sobre números; tal vez por eso les resulte difícil evaluar el impacto financiero de los planes de promoción en términos de ROI. Sin embargo, los departamentos de marketing deben desarrollar una mentalidad financiera, dado que los altos directivos desean conocer la repercusión de los gastos en concepto de marketing.
Los directivos de Coca-Cola ya insisten en que se les presenten tales estimaciones antes y después de la campaña publicitaria.
Saben que se trata sólo de una suposición, pero lo que quieren es inculcar una mentalidad financiera para que
en el departamento de marketing se familiaricen con conceptos como márgenes, ROI, valor agregado, valor para los accionistas y demás. Cuanto más sepan de finanzas, mejor resultará el diálogo entre ambos departamentos.

Noveno: su empresa no está bien organizada para llevar a cabo un marketing eficaz.

Habitualmente los departamentos de marketing llevan a cabo cuatro funciones clásicas: la investigación de marketing, la publicidad, la promoción de ventas y la administración de ventas. Sin embargo, muchos departamentos aún no las dominan y sus conocimientos de las nuevas técnicas de marketing es más limitado
aún. En otras palabras, se encuentran insuficientemente preparados para enfrentarse a los retos que plantea
el siglo XXI.
Entre estas técnicas se encuentran:

1. Posicionamiento. Según Trout y Ries, que introdujeron el concepto en 1982, cada marca debería poseer una palabra. Así, Volvo tiene "seguridad". Crawford y Mathews recientemente ofrecieron una nueva fórmula según la cual las empresas pueden posicionarse según cinco atributos: producto, precio, facilidad de acceso, servicio de valor agregado y experiencia del cliente. Afirman que una empresa se beneficiará de dominar uno de estos atributos y advierten de que tratar de sobresalir en todos ellos es demasiado costoso.

2. Administración de los activos de la marca. Ciertas marcas son tan importantes para el rendimiento presente
y futuro de la empresa que hay que administrarlas, mejorarlas y protegerlas como a un activo.
Por ejemplo, Disney no puede permitirse que sus tiendas u hoteles sean mediocres.

3. Customer Relationship Management (CRM) y marketing con bases de datos. Construyendo una base de
datos de clientes que contenga transacciones anteriores e información demográfica y psicográfica entre otros datos, la empresa podrá ofrecer mejores ofertas a sus clientes.

4. Partner Relationship Management (PRM).
La productividad de quienes colaboran con la empresa depende de
su satisfacción con las condiciones y oportunidades que les ofrezca la misma. Un director debería encargarse
de administrar y desarrollar la relación y el rendimiento de los colaboradores más importantes.

5. Centro de contacto de la empresa. En un principio, la central telefónica era el corazón del centro de
contacto de la empresa.
Sin embargo, en la actualidad las empresas necesitan integrar toda la información procedente de puntos de contacto con clientes como correo electrónico y ordinario, fax, visitas a locales, etc. Además, los clientes
deben tener la posibilidad de comunicar sus preguntas, pedidos y quejas de forma flexible.
Kotler advierte que en algunas empresas el sistema telefónico está automatizado en exceso: cuando el cliente llama escucha un conjunto de opciones sin tener oportunidad de hablar con una persona. Aunque este sistema conlleva un menor costo para la empresa, el precio que paga en concepto de ventas y satisfacción del cliente
es elevado.
Por eso, es primordial que quienes llaman sepan que en cualquier momento un operador puede atenderlos.

6. Marketing por Internet. Casi todas las empresas cuentan ya con su propio sitio web e incluso algunas, como Dell Computer o Amazon, lo utilizan como canal de ventas.
Sin embargo, aún están por explotar otras aplicaciones provechosas para el marketing como la investigación de mercados, la inteligencia competitiva, el test de conceptos y productos, los cupones y la distribución de muestras, entre otros.

7. Relaciones públicas.
Son muchas las campañas de marketing en las que las relaciones públicas han desempeñado un gran papel a la hora de construir la reputación de una marca. Un ejemplo es McDonald's con sus hospitales y parques para niños, aportes a instituciones caritativas, patrocinios y Golden Arches. Las empresas de alta tecnología pronto descubrieron que las RRPP son esenciales para dar a conocer información sobre nuevos productos. Según Kotler, las empresas deben sumar RRPP a los departamentos de marketing.
8 Marketing del servicio y de las experiencias. Un servicio excelente puede convertirse en un poderoso elemento diferenciador y con ello elevar el marketing a un nivel completamente nuevo. Lo mismo sucede con las experiencias, de las que Walt Disney sigue siendo el maestro indiscutible.

9. Comunicaciones de marketing integradas.
La comunicación y la promoción son dos de las habilidades más importantes en marketing.

10. Análisis de beneficios.
La mayor parte de las empresas desconoce sus beneficios por distribución geográfica, por productos, por segmentos de clientes y por canales.
Los departamentos de contabilidad adoran los costos de producción y las desviaciones, pero no tienen la misma disposición a identificar los diversos costos de marketing y deducirlos de los ingresos.

11. Técnicas para dirigir el mercado (market-driving skills).
Con tantas necesidades cubiertas por innumerables productos ya existentes, el desafío actual consiste en inventar nuevas necesidades. Este es el objetivo de una empresa que guía el mercado como Sony. Según el visionario Akio Morita, Sony, en lugar de preguntar a sus clientes qué productos desean, guía su elección.
Las empresas que guían el mercado revolucionan sus sectores creando una nueva proposición de valor o un nuevo sistema empresarial.
Además de lo anteriormente expuesto, el departamento de marketing necesita mejorar sus tensas relaciones
con otros departamentos como son el de ventas, el de I+D, el de producción, el de compras, el de contabilidad, el de finanzas y el de logística.


Décimo:
su empresa no sacó el máximo partido de la tecnología

En el apartado de tecnología, su empresa está algo retrasada si no ha logrado sacar el máximo partido de Internet, si los sistemas automatizados de ventas están anticuados o no ha introducido ninguno. En primer
lugar, las empresas deben empezar a explotar todas la oportunidades que ofrece Internet, pues ya no es suficiente con mantener un sitio web que describa la empresa, sus productos, distribuidores y oportunidades de trabajo.
La empresa debe explotar asimismo las posibilidades de comunicación interna dentro de la empresa que ofrece
la Intranet y utilizar la Extranet para conectarse con proveedores, distribuidores y concesionarios.

Por otra parte, Internet ofrece posibilidades de adiestramiento online (e-training), de selección y contratación
de personal (e-recruitment), de aprovisionamiento electrónico (e-procurement), de investigación de mercados (e-market research) y de construcción de comunidades virtuales de una marca en la que los usuarios puedan intercambiar ideas (e-chatrooms).

El sistema automatizado de ventas permite a los empleados del departamento de ventas responder cualquier pregunta o requerimiento de los clientes dándoles la posibilidad de tomar decisiones beneficiosas para la empresa en el acto. Un paso más allá van los sistemas de venta automatizada, en los que el cliente puede realizar la compra por sí mismo con el consiguiente ahorro en mano de obra y la posibilidad de ofrecer precios más atractivos, algo que ya hacen muchas líneas aéreas.

Su empresa necesita modernizarse si el departamento de marketing no cuenta con modelos informatizados para
la toma de decisiones y con cuadro de mandos de marketing.
Desde los años sesenta se han estado desarrollando modelos como CALLPLAN, DETAILER, MEDIAC y PROMOTER, entre otros. Cada uno de ellos se especializaba en un área de decisión, pero en la actualidad existen sistemas
de marketing mix modeling que combinan los efectos por separado y en conjunto de un marketing mix determinado en las ventas y beneficios.

En cuanto a los cuadros de mando, al igual que los que tienen autos y aviones, se usan para dirigir a una empresa hacia su objetivo y pueden diferenciarse tres tipos: el cuadro de mando de rendimiento, que reporta el punto en que se encuentra una empresa respecto a sus objetivos; el de procesos de marketing, que orienta a
los usuarios sobre la forma óptima de llevar a cabo cualquier proceso de marketing y el de herramientas de marketing, que se puede aplicar a conjuntos de datos para hallar desviaciones estándar, medios, análisis de regresión, etc.


Extraído de “Leader Summaries”, basado en “Los 10 pecados capitales del Marketing”, de Philip Kotler.

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COMUNICACIÓN


 
 


“La Proxémica en el consumo y en la estrategia de comunicación”

Por Joan Costa


La proxémica y su relación con el consumidor

La ley proxémica de la psicología experimental, aplicada al análisis de la conducta del consumidor, ¿está ya superada por el auge de la tecnología de telecomunicaciones, o se hace, precisamente por eso, más presente
y actual?
Si el boom de las telecomunicaciones cuestionó, con razón, la vieja ley proxémica, ahora, el boom de los
servicios la ha puesto de nuevo en el primer plano de los negocios.

Hace tiempo escribí que no hay ninguna valla publicitaria objetivamente tan efectiva como el lineal del supermercado. Ni ningún anuncio de un producto tan eficaz como el mismo producto dentro de su propio
anuncio: el embalaje. Esta verdad de perogrullo es la constatación matemática de un hecho real que se materializa en el acto de la compra. Pero es también un ejemplo evidente de la ley proxémica. Esta ley se sustenta en la base del axioma siguiente: “Dadas todas las condiciones iguales, el ser reacciona a lo que le es próximo en detrimento -o antes- de lo que le es lejano, tanto en el espacio como en el tiempo, e incluso en cualquiera de las dimensiones que caracterizan su comportamiento”.

Lo que resulta interesante es de qué manera una ciencia de la comunicación ligada a una ciencia de las
acciones humanas, apareció como un modelo explicativo o predictivo para clasificar nuestros comportamientos
a partir de esta idea tan sencilla de “distancia” o, a la inversa, de “proximidad” en un espacio, sea físico o imaginario (Lewin).

La dimensión oculta

Una obra clásica de E. T. Hell, La dimensión oculta (1971) se refiere a la Proxémica, considerada explícitamente por el autor como una dimensión que puede medir la magnitud del fenómeno. Se refería a la dimensión física, la distancia o proximidad material de los elementos del fenómeno entre éste y los individuos. En realidad, las cosas han cambiado mucho en pocas décadas, y hoy podemos constatar la presencia no de una, sino de tres grandes dimensiones de la proxémica.

La primera dimensión

Cada individuo es el centro del mundo, ¿cómo concebir un mundo del que yo no fuera el centro?
A su alrededor, el entorno se presenta escalonado en una suerte de perspectivismo donde las cosas se alejan progresivamente de mi centralidad, de mi esfera inmediata y, por tanto, de mi alcance.

Esta idea tan existencialista del Yo, Aquí y Ahora, implica esa centralidad espacio-temporal del ser. Supongo
que esta posición debe ser propia del instinto biológico (para llevar la mirada lo más atrás posible) y se asocia,
en el hombre prehistórico, a la supervivencia y a la búsqueda de seguridad.

Y por esta causa el ser privilegia lo que está a su alcance más inmediato o lo que ocurre cerca en detrimento de lo que está o sucede lejos (lo mismo si se trata de conseguir alimento o de protegerse de un peligro). Esta idea de origen tan remoto como el primate, dio lugar a la noción fenomenológica de Proxémica.

Antes de McLuhan, el Teleprofeta, la ley proxémica era una ley física o de la distancia geométrica.
Después, en la medida que las distancias se han acortado gracias a las telecomunicaciones y a los grandes medios de masas; y después de que todos los tiempos -también gracias a ello- se han hecho “tiempo real” en
un mundo mal llamado globalizado; entonces resulta que lo que sucede lejos, sea en Irak o en la bolsa de
Tokio, puede afectarnos tanto o más que lo que está sucediendo aquí mismo.

La primera dimensión física se vio desplazada por la segunda dimensión psicológica.
Estos cambios tan insólitos hasta entonces hicieron alzar las voces de los sociólogos de los media para declarar “el final de la Proxémica”. Pero los psicólogos y los micropsicólogos de la vida cotidiana expresada en su más inmediata vulgaridad, observaban cómo la gente sale todas las mañanas a comprar el pan en la tienda más cercana. Observaban, pues, un hecho absolutamente proxémico. (Curiosamente, este “pan nuestro de cada
día” en su versión alimenticia más elemental, no está en los medios: claro, es un genérico sin marca. Pero
está en los supermercados).
En la misma medida que consumir es destruir, a la inversa consumar puede ser crear.

Por cierto -y me remito a un libro recientísimo (J. Costa, La imagen de marca, Paidós Ibérica, 2004.)- que las marcas no nacen como marcas, sino como productos que compiten en los lineales de los supermercados.
Digamos de paso que, para la compradora (¿por qué siempre en femenino?) los productos nacen en el supermercado, no en las factorías. Los supermercados son las catedrales del consumo. Son paisajes de tentaciones y laberintos de seducción. La ley proxémica está ahí, latente, representada por la presencia del surtido, y aquí todos los productos tienen la misma probabilidad de candidatos a ser comprados.

Por tanto, hay proxémica física comprador-producto, por comparación con los mensajes publicitarios.
En éstos los productos no son reales ni se pueden llevar del mismo anuncio. Pero esto no es todo, porque hay aquí un hecho decisivo colectivo: es el ceremonial del consumo: la gente viene aquí, en el supermercado, precisamente a comprar. Aquellas actitudes que el psicólogo Dichter detectó maravillado tras la cámara oculta, que revelaban la euforia casi hipnótica de las compradoras, si bien actualmente han perdido intensidad pues nuestro consumidor es más adulto, dicha euforia está todavía bien a la vista y multiplicada, por ejemplo, en tiempo de rebajas. La cercanía de la gente y los productos -ese cara a cara-, es un hecho no sólo proxémico, sino económico, porque implica una predisposición psicológica a la compra muy evidente.

Citaré un ejemplo que he vivido personalmente. Uno de mis clientes, un banco en Argentina, abordó un experimento interesante que los americanos llaman storebranch y no es otra cosa que meter una sucursal bancaria en una gran superficie de venta, como una tienda más, absolutamente adaptada a la ocasión. La “tienda” parecía más eso que una sucursal bancaria tradicional. La “publicidad” era del estilo “oferta”, con carteles (mal) hechos a mano con rotulador, como los de las verdulerías o las carnicerías. Los empleados bancarios vestían delantal y andaban entre la gente, les ayudaban a cargar y descargar la compra en los carritos, ofrecían tarjetas de crédito apelando al riesgo de transportar dinero, y facilitaban créditos al instante
a quienes pensaban comprar neveras, muebles, televisores u ordenadores. Todo consistía en el gran arte del camuflaje, porque en la “tienda/sucursal” se abrían cuentas corrientes, se tramitaban tarjetas de crédito y
hasta se hacían planes de pensiones.

Los empleados bancarios que atendían esta “tienda” se habían formado en sucursales tradicionales, y comparaban alucinados la enorme diferencia: “Allí hay que esperar a que el cliente entre; aquí la gente viene en tromba a comprar. ¡Esto es una maravilla!” El secreto aquí es lógico y es cien por cien proxémico: hay que
estar donde la gente va a comprar.

La segunda dimensión

Lo que caracteriza la segunda dimensión proxémica es la proximidad (o la distancia) psicológica.
Ésta se da al mismo tiempo que la física, pero a escala reducida, dentro mismo de las grandes superficies, los autoservicios o los megastores. La proximidad psicológica es una dimensión proxémica relativa, que en cierto modo contradice su dimensión física o material. De cualquier manera es una dimensión que relativiza la anterior. Si, como hemos dicho, un supermercado es una gran oferta multiforme, presente y simultánea, y prácticamente todos los productos están dentro de una misma distancia física del comprador, este hecho por sí mismo no es
un absoluto, pues tal como sabemos, no todos los productos son comprados por todos los compradores.
Es como las muñecas rusas: una dimensión está dentro de la otra. De hecho la gente no compra lo que está
más próximo a la entrada del supermercado, sino lo que desea o necesita, aunque se encuentre al final del laberinto. Podemos decir que lo que le mueve es una proxémica “preferencial”. Por esto todos los productos
de consumo diario son los que están más lejos de la entrada.

Esta relativización -dentro de un espacio él mismo proxémico- de la distancia física entre compradores y productos en favor de la distancia o proximidad psicológica entre ellos, tiene su expresión más dramática en las macrodistancias transcontinentales. Yo tengo amigos en Brasil, por ejemplo, con quienes me siento más cerca y me relaciono infinitamente más tiempo y mejor que con mis vecinos de escalera o con muchos de mis familiares. Este milagro tiene dos caras, una psicológica: el de las afinidades y las empatías, y la otra funcional: el de las telecomunicaciones con su facilidad de uso y su coste razonable. Así se subvierte la ley proxémica: se hace próximo lo que está lejos y lo que está cerca se borra de la consciencia.

La tercera dimensión

La dimensión psicológica y la mediación tecnológica han creado una tercera dimensión proxémica.
El Yo, Aquí y Ahora se amplía con el Todo, Allí y en Ninguna parte. Todo es al mismo tiempo real y virtual.
Y a la vez incide en esto un fenómeno reciente: el gran auge de las Marcas. Estamos en la Red. ¿Será Internet algún día el megastore universal?
Fundamentalmente, una web site es un mega-megastore que permite a cada marca tener ahí su megastore, abierto día y noche, durante todo el año y tanto en el ámbito mundial como en el local.

Y si es un hecho innegable que las marcas deben su expansión al comercio distribuidor, puede ser que Internet
lo elimine algún día.
Tal como se ve, esta tercera dimensión, que podemos llamar tele-proxémica, presenta un escenario muy interesante porque incide en las otras dimensiones física y psicológica, y por tanto en el sistema de la compra. Aquí serán oportunas algunas observaciones comparativas.

Veamos:
la distribución tradicional e Internet, ¿son competidores o colaboradores? Llama la atención el que, para lanzar
su filial Séphora en los EUA, el grupo LVMH inaugurara el 14 de octubre de 1999 un megastore de 2.000 m² en pleno corazón del Rockefeller Center, en Nueva York, y al mismo tiempo abriera la ciberboutique Séphora para maximizar las sinergias entre ambos canales de distribución.

Pero, ¿cómo hacer vivir los valores? ¿Dónde vive el consumidor la experiencia emocional de las marcas? No
en Internet ni tampoco en su dominio, sino en el lugar del servicio. En términos de consumo, la experiencia
emocional de las futuras mamás se vive en Prénatal. La de los niños en Disneyworld. La de los jóvenes deportistas en Nike Town. La de los fans de Sprinting en los conciertos en vivo. En la distribución sucede lo mismo. Recordemos que un comercio (del más grande al más pequeño) es ante todo un lugar donde uno se
siente bien, donde uno contacta con los valores de la marca, donde es atendido por personas si lo desea,
donde se realiza la transacción.

La verdadera vía es la de la relación, de la complicidad y del servicio.
Todo apunta, pues, al servicio in situ, porque el contacto personal con el cliente es la clave de la fidelización -que es la fusión de las dimensiones de proximidad física y psicológica de la Proxémica.

Transdimensionalidad y regreso al origen

A fin de cuentas, el fluir de la vida diaria y la creciente presión social hacen en conjunto un todo complejo que
no se puede cortar a rebanadas como lo hace intelectualmente el sociólogo o el fenomenólogo con el afán de reducir la complejidad del mundo para hacerlo inteligible. Debemos regresar a ese mundo real en el que nos sumergimos (“Ah, la vida es cotidiana”, decía Laforgue).

Lo que sucede, de hecho, es que apenas sin darnos cuenta deambulamos constantemente de una dimensión a otra entre las múltiples dimensiones de la proxémica. Acaso ese estar en todas sus dimensiones y vivir en ellas
y con ellas sea signo de un cierto progreso...
Pero a pesar de todo, el principio activo y fundamental de la proxémica sigue vivo. En los grandes
microinstantes de la vida en que habita el placer, la emoción, la sensualidad, la sensorialidad total, entonces
lo que triunfa no es el interfaz electrónico, ni siquiera el cara a cara. Es el cuerpo a cuerpo.

Esto nos hace pensar cuál será la experiencia suprema de la ley proxémica, ¿consumir o consumar?.


Extraído de los archivos de AICE, Asociación Iberoamericana de Comunicación Estratégica.

Joan Costa Solá-Segalés es Comunicólogo y Diseñador. Autor internacional de más de una veintena de libros de Comunicación e Imagen y Presidente de la Consultora de Comunicación e Imagen CIAC, además de profesor de posgrados.

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